Cómo Leer la Odisea
Lo que debes saber antes de abrir el libro — y mientras lo lees
La Odisea no es una novela moderna. No tiene narrador omnisciente que te dé toda la información. Los personajes mienten, los dioses se disfrazan, la historia salta hacia atrás y hacia delante. Si llegas esperando una lectura fácil y lineal, el poema puede desorientarte. Si entiendes sus reglas, se convierte en una experiencia completamente diferente.
La razón es estratégica. Homero construye la urgencia antes de mostrarte al héroe. Cuando finalmente llegamos a Odiseo en el Canto V, atrapado en la isla de Calipso, ya entendemos todo lo que ha perdido. El hijo que lo necesita, la casa que se cae a pedazos, la esposa presionada para volver a casarse.
Si te quedas atascado en los primeros cantos, sigue adelante. El poema cambia de marcha completamente en el Canto V.
En el mundo de Homero, revelar quién eres a un desconocido antes de probar que es de fiar puede costarte la vida. Al mismo tiempo, no revelar tu identidad a alguien que merece saberla es un deshonor. La tensión entre estos dos imperativos genera muchas de las mejores escenas del poema.
Presta atención a quién le dice Odiseo su verdadero nombre y cuándo. Cada revelación es significativa. La más importante es la que hace ante el Cíclope, y Homero nos muestra exactamente por qué puede ser un error ser reconocido aunque hayas ganado.
Esto importa por dos razones. Primero: Odiseo es el narrador menos fiable del poema. Es el hombre de mil ardides, el mentiroso experto. ¿Debemos creer todo lo que nos cuenta? Homero nos deja la pregunta abierta deliberadamente.
Segundo: el hecho de que Odiseo cuente estas historias en un banquete convierte al propio poema en una actuación. El aedo que canta la Odisea está cantando la historia que contó el protagonista. Es un nivel de conciencia narrativa notable para un poema compuesto hace 2.800 años.
Engaña a los pretendientes durante años con el truco del tejido (teje de día la mortaja de Laertes y la deshace de noche). Cuando finalmente propone el concurso del arco —que resultará ser la trampa de Odiseo— hay un debate entre intérpretes sobre si ya sabe que el mendigo disfrazado es su marido o no. Homero lo deja ambiguo, y esa ambigüedad es el punto.
La lectura más interesante del poema es que Penélope y Odiseo están orquestando el final juntos, sin necesitar hablar directamente porque se conocen tan bien. Son un par de iguales, no un héroe y una esposa que espera.
Esto puede parecer insatisfactorio. No lo es. Homero está diciendo que no hay final limpio para la violencia. Odiseo ha recuperado su casa, pero el coste es enorme. Sus hombres están todos muertos. Ha matado a decenas de hombres en su propio salón. La paz que sigue no es una paz ganada: es una paz impuesta por los dioses.
El regreso a casa que prometía el nostos resulta ser más complicado de lo que parecía al principio. Ese es el argumento final del poema.
Estos epítetos son fórmulas mnemotécnicas de la tradición oral — el aedo los usaba para mantener el ritmo del hexámetro. Pero también funcionan como caracterizaciones condensadas: cada vez que se llama a Odiseo «el de muchos ardides», Homero te recuerda quién es este hombre y cuál es su cualidad esencial.
Presta atención a cuándo un epíteto se aplica en un contexto irónico. Hay momentos en que llamar a Odiseo «el de muchos ardides» justo después de que ha tomado una decisión terrible tiene un matiz que no es casual.