Dos Protagonistas
Odiseo y Penélope — los dos héroes del poema
La Odisea tiene dos protagonistas. Odiseo es el más visible: el viajero, el héroe de las aventuras, el hombre cuya perspectiva domina la segunda mitad del poema. Pero Penélope es igualmente central. Homero la construye como la igual intelectual de su marido, y las mejores lecturas del poema reconocen esto.
Lo que hace único a Odiseo como héroe épico es que miente constantemente y esto no se presenta como un defecto: es su virtud central. Homero no juzga los engaños de Odiseo. Los narra con admiración. Cuando Odiseo se inventa una historia falsa para Atenea (que lo está poniendo a prueba disfrazada), ella se ríe con genuino placer: «Para ser un mentiroso y embustero, habría que ser un dios o al menos igualarte para superarte.»
El límite de Odiseo es el orgullo. Después de cegar al Cíclope y escapar, cuando ya está a salvo en el mar, grita su nombre real. No puede resistir que Polifemo no sepa quién lo ha vencido. Es la hubris que desata la ira de Poseidón. La misma cualidad que lo hace brillante —la necesidad de ser reconocido— casi lo destruye.
El truco del tejido —tejer de día la mortaja de Laertes y deshacerla de noche durante tres años— no es una estrategia de espera pasiva. Es un engaño sostenido durante años, un plan que requiere coordinación con sus criadas leales y una sangre fría notable. Cuando los pretendientes finalmente lo descubren, ya ha ganado tres años.
La escena más debatida del poema es si Penélope reconoce a Odiseo antes de revelar el secreto de la cama. Hay indicios textuales en ambas direcciones. La lectura más rica es que sí lo sabe —o lo sospecha con certeza— y que la prueba de la cama es la forma de confirmar que el hombre ante ella es realmente su marido, no alguien que puede haberle robado la historia. Ella no actúa sobre intuición: actúa sobre prueba verificada. Es el comportamiento de alguien que piensa como Odiseo.
Telémaco no es tan brillante como sus padres. Comete errores. Pero aprende. Cuando Odiseo llega disfrazado, Telémaco no lo reconoce hasta que el padre se revela. Pero cuando el padre revela el plan, el hijo lo acepta y lo ejecuta sin titubear: esconde las armas, no revela el secreto, actúa en el momento preciso. Es la prueba de que ha crecido.
La escena de reconocimiento padre-hijo en el Canto XVI es una de las más emocionalmente poderosas del poema. Telémaco llora como un niño pequeño. Odiseo también. Homero no tiene ningún pudor en mostrar que los héroes lloran.